Abres Instagram y en pocos segundos ya has visto la foto de algún bebé que acaba de nacer, el cumpleaños de un niño, las primeras vacaciones del hijo de un amigo cercano o el primer día de colegio de la hija de alguien que ni siquiera conoces. Parece inofensivo, ¿verdad? Pues no lo es.
El término mezcla “share” (compartir) y “parenting” (crianza / maternidad / paternidad) para describir la práctica de padres y madres que suben a redes sociales fotos, vídeos o información personal de sus hijos. Y lo hacen constantemente.
El sharenting abre la puerta a peligros reales y documentados:
Natalia Díaz, @medianoche, activista y autora de “Protege a tus hijos de la sobreexposición en la red” lo resume así: “No existe ninguna forma segura de compartir fotos de niños en las redes”. Y critica la normalización de esta práctica que beneficia p3d0f1l05.
Carla Vall, @carlavalld, abogada y criminóloga, alerta: “El 72% de los materiales en páginas p3d0fil4s salen de imágenes y vídeos subidos por padres y madres. Individualmente, pueden parecer inocentes; juntas, con 500 más, son algo muy distinto”.
Lo habrás escuchado. O quizás incluso lo hayas dicho tú con orgullo.
Pero si de verdad quieres preservar su identidad, ¿no sería más coherente no publicar absolutamente nada? Difuminar su rostro o usar un emoji no borra el contexto: ni el fondo, ni la ropa, ni la ubicación. No impide que alguien descargue, recopile, ni relacione esa información.
Tapar la cara es solo un parche simbólico. Porque no, un emoji no protege la infancia: solo maquilla nuestra necesidad de compartirla.
Compartir fotos de nuestros hijos por Whatsapp con familiares cercanos puede parecer algo íntimo y perfectamente controlado –y en efecto, es lo menos grave comparado con publicar en redes abiertas. Pero incluso en esos entornos privados, perdemos el control sobre las imágenes. Muchas veces lo comparten sin mala intención, porque “está muy gracioso/a”, pero los exponen sin haberlo consultado contigo ni con el menor.
Lo mejor es dejar claro a esos familiares o amigos que no queremos que reenvíen ni compartan esas fotos fuera del grupo privado. Aunque no es infalible, ponemos un límite y mostramos que la protección de la infancia debe ser cosa de todos. Porque cuando una imagen o video sale de tu teléfono deja de pertenecerte.
Muchos colegios e instituciones educativas publican fotos de sus alumnos en redes y webs con total normalidad: actividades, excursiones, eventos… A veces lo hacen sin un consentimiento informado real, o sin que las familias comprendan las implicaciones a largo plazo. Lo peor es que, cuando madres y padres no autorizan el uso de imagen de sus hijos, a veces esos menores son apartados de actividades o excluidos de fotos grupales.
Nosotras lo tenemos claro: la escuela debería ser un espacio seguro, no un escaparate online. Mostrar el proyecto educativo no debería pasar nunca por vulnerar la privacidad de la infancia.
Las redes están llenas de creadoras de contenido que han hecho de la crianza un producto. Cada vez que muestran a sus hijos –con o sin cara visible– las métricas se disparan: más likes, más engagement, más contratos.
Los menores se convierten en actores involuntarios de campañas, vídeos, stories y colaboraciones pagadas. Su intimidad se convierte en contenido. Y lo peor: no pueden decir que no.
¿Es ético usar a un menor para ganar relevancia digital? Si tu hijo te sube los números, no estás compartiendo recuerdos: estás rentabilizando su imagen.
La infancia no debería ser contenido y mucho menos moneda de cambio emocional para likes y colaboraciones. Es una etapa vulnerable, valiosa y privada que merece ser vivida lejos de la exposición constante.
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2 respuestas
Mi límite es no publicar NADA. No es tan difícil… pero la gente necesita enseñarlo todo… muy interesante la publicación!
La mejor decisión 👏. ¡Gracias por tu comentario, Bea!